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viernes, 12 de abril de 2024

El placer profundo

 

Luis Duarte. De la Serie: Las últimas luces. Caracas, 2024




Examiné cuidadosamente mis ansias

mi deseo de tu cuerpo noche estrellada 

tus frutos ardientes en ganas.


Miré al trasluz

tu deseo de abrirte en la penumbra.

Tu inflexión rota a pesar de tus desvelos. 

Colodión húmedo para el recuerdo.


Ciudad de sol frío en los últimos días  de febrero...


Tus cadenas rotas

a pesar de tus resistencias 

te entregas a la pasión secreta 

de todo tu cuerpo deseoso 

del placer profundo.


Manuel Castro 

Febrero. 26. 2023



Presente en:
http://elblogdelosblogsdeduarte.blogspot.com/

miércoles, 27 de julio de 2016

Acudo al llamado de la sombra...

Luis Duarte. Los Teques, 2017




Acudo al llamado de la sombra
para conocer lo que intimida en la penumbra
cuando te deshaces de las angustias y pasas a vivir
en la incomoda expresión de la otredad.

Sientes, oyes, degustas con ahínco
la mirada profana de la cegadora luz...
la infamia del recuerdo mortecino en la noche
la incomprensión de la mañana a desvelo.

Queda más el desahogo de los sentidos plenos
con la tibieza de la caricia que derrama el gesto,
ya no más la impaciencia ante el insondable ruido
solo el momento de la espera, la espera insoportable
a veces por ver por oír por tocarte.

 

MANUEL CASTRO


                                                                             
sep. 22. 2005







Del Poemario: ENCUENTROS (En proceso)





domingo, 3 de julio de 2016

Otros

Luis Duarte. Garage Bolívar. Serie Espacios de la Ciudad. Caracas, 2015




Recorro nuevamente las esquinas de Caracas
Por cada rincón de la ciudad llegan sus sonidos,
Algunos vuelven de antaño...
Otros sólo son un instante...

Unos y otros son de los muchos instantes del recuerdo
de las nimias sensaciones que otros dejan pasar...


Siempre la ciudad es un nuevo acontecimiento cotidiano,
a veces superfluo en las mentes de los transeúntes.

De pronto cae la lluvia repentina de junio
todos corren para guarecerse y otros sin importancia
la dejan caer es sus cabezas con alegría...

Miro desde un café de la ciudad disfrutando
este lluvioso atardecer, mientras saboreo
el humeante vainilla late con sus dos galletitas en un plato.

El aroma de tierra mojada llega a mis espacios
con olor a café, sudor, ropa mojada y risas
de las jóvenes que guachararean en una esquina de este café.

Me dejo llevar por el sonido de las juveniles risas
mientras un aire frío de lluvia y brizna riza mi rostro y mis manos
que sostienen la taza olorosa.



MANUEL CASTRO


jul. 3. 2016








Presente en:
http://elblogdelosblogsdeduarte.blogspot.com

martes, 12 de abril de 2016

El olor a mastranto,...

Luis Duarte. Serie Reveronianas. Macuto, 2014






El olor a mastranto,
el olor del llano,
el olor a almizcle,
todos esos olores que me inundan
sólo consiguen hacerte recordar.

Aún en la distancia de este llano,
tú estás presente,
por algo me traje tu presencia
para poder soportar cierta soledad.

los sueños sólo consiguen apilar tu imagen
en mí, en mis anhelos, en mis  ansiedades,
en todo lo que en Calabozo impera,
sus cualidades del recuerdo
donde todo huele ha guardado
a tiempo inmemorial
a  centurias marcadas de memorias.

Un solaz que revela calmas antiguas,
 tú y tu imagen desdeñándome  el recuerdo
no sólo de hoy sino de siempre,
como no hacer que te quedes en mí.
Aún a pesar de tanto calor
puedo soñar, porque tú me alientas
a tener el fresco de un aclimatador
inconstante.

La noche es fresca, el rocío la refresca
con tu aroma de mujer,
tu nombre de ciudad perdida
que me invade de mastranto
de tierra húmeda,
de almizcle...
de vida.






MANUEL CASTRO



Del libro inédito:
VEINTE POEMAS PARA EVOCARTE. Caracas, 1995     





jueves, 17 de diciembre de 2015

EL SOL da sus últimos...


 
 Luis Duarte. Estampas de Caracas, Altagracia, 2018



EL SOL da sus últimos adioses a un día que intenta concluir. En la plaza juegan las palomas al compás del tintineo de los heladeros. Esta plaza tiene la manía de reunir a la gente en pos del antaño concilio. El recuerdo vano de un hoy constante, mientras los niños buscan resolver la rencilla del juego de ayer.

Sobre la iglesia de la Candelaria, deja el sol su rostro de luz y sombra, aún presentes en mis pupilas cansadas por el tiempo.
Un hombre mira a las dos niñas y a la madre buscando emparentar al niño varón del coche. Todo parece jolgorio y alegría hasta que llegan las sombras y todo se hace solitario, entonces me levanto del banco de cemento y recorro la ciudad hasta quedar extenuado. La noche es fresca y huye precipitadamente hacia la aurora. Mis anhelos también requieren  refugio.









MANUEL CASTRO

  Del libro inédito:  TU, ELLA, LA CIUDAD Y YO, 1995